EVOLUCIÓN DE LAS DROGAS Y LA POLICÍA. TREINTA AÑOS DE CARRERA PROFESIONAL DEDICADOS A LA LUCHA CONTRA EL NARCOTRÁFICO. ARTICULO DEL COMISARIO JOSÉ MANUEL CAAMAÑO

Allá al inicio de la década de los setenta, con el comienzo de la lucha contra la droga y afrontando problemas delincuenciales y el deterioro de muchas familias, algunos policías dedicamos bastantes años, muchas veces los mejores de nuestra vida, tratando de poner el granito de arena para intentar frenar aquella lacra. Yo pasé más de 30 años dedicados a esa lucha contra la droga en Comisarías Locales, Provinciales, Jefaturas Superiores e incluso como Agregado de Interior en Marruecos.

Cambios penales

Tuvimos que afrontar no solo a los traficantes, tuvimos que cambiar la mentalidad y la adecuación del importante cambio legal en la consideración de la figura del consumidor de droga, que era sacado del artículo 344 del C.P., despenalizando dicha figura, considerándolo un enfermo. Esas modificaciones del CP se desarrollaron a mediados de 1985. Aquel cambio nos costó algo, pero era la nueva realidad penal y el consumidor dejaba de ser considerado un delincuente. Había que adaptar nuestra actividad.

Pero nosotros seguimos luchando contra la lacra del veneno de la droga. Hacíamos de policías, investigando y deteniendo a traficantes, pero también atendíamos a familias que nos venían a buscar para ayudarles. En muchas ocasiones unos padres, desesperados, nos rogaban que detuviésemos a sus hijos, que los mandásemos a la cárcel ya que allí podrían desengancharle de ese maldito mundo de la droga.

“Los malos”

¿Cómo les decíamos que nosotros no éramos quienes hacían las leyes, que nosotros no podíamos mandar a su hijo a la cárcel? Era un problema personal. Los veías hundidos y no podíamos hacer nada. Recuerdo que llegamos a hablar con buenos amigos periodistas para hacer, alguna vez, una entrevista para el suplemento dominical, siempre más leído, presionando en cierto momento a esferas oficiales para que atendieran a las familias. El amigo periodista, con un corazón enorme y un grandísimo profesional, preparó un reportaje a doble página sobre una madre afectada. La mujer fue atendida y, como nos dijo días más tarde, la habían escuchado. Para esa persona teníamos un sitio en su corazón. Nos llegó la frase que nos dijo: “Los llamamos “malos” a ustedes, los que persiguen a los delincuentes, pero he visto que tienen corazón, que aparte de soportar nuestros insultos, soportan también nuestros problemas, gracias”.

«La conexión gallega» y «Bebedores de té», dos libros del comisario José Manuel Caamaño

Dedicación

Muchos compañeros no vivían con el mal trago de encontrarse un cuerpo de un yonqui, frío, con pinchazo en su vena, cadáver, incluso alguno fallecía en tus brazos, a veces conocidos tuyos, compañeros del colegio, vecinos, de tu pandilla de joven. No era fácil y nosotros nos llevábamos a casa esas experiencias, esos palos mentales.

A nuestras familias tratábamos de protegerlas de esa vida, de ese trabajo de los Grupos de Estupefacientes. No teníamos horario. Sí cuando empezar, nunca cuando cerrar el día. Era típica la frase de tu familia acerca de que “pues al compañero siempre lo veo en el parque con su mujer y sus niños”. No era fácil explicarle a la familia que tu ritmo de trabajo era diferente. ¿Cuántos lo vivieron o lo sufrieron?

Tesón

Luego, cuando salía bien un servicio, se difundía la noticia y la foto, muchas veces nacían envidias, te llamaban “los especiales”. Qué grande es la ignorancia. No sabían que mientras ellos estaban en el parque con sus niños, esos compañeros “especiales” dejaban a su familia sola para vigilar esos parques, evitar que otros niños, incluso los propios, tuviesen ese tipo de problemas. No sabían que un servicio no salía en cinco minutos, que cualquier tema necesitaba semanas, meses para poder culminar, e incluso en muchas ocasiones fracasábamos, no concluía positivamente ese servicio, con tu cabreo, doble además por el tiempo dedicado, por no obtener el objetivo, no tener la foto de culminación que se esperaba…

En sus libros, el comisario Caamaño, en el centro de la imagen, explica como estuvo oficialmente infiltrado en los clanes narcos gallegos haciéndose pasar por un diplomático que sirvió de enlace con el colombiano Pablo Escobar.

Este artículo, dedicado a la Sociedad Científica Española de Criminología (SCEC), está centrado en el tema de la droga y los grupos de estupefacientes, pero en la Policía Nacional hay muchas ramas y unidades donde poder aportar tus ganas, tus experiencias, tu trabajo y todas son importantes. Lo más importantes es ir cada día con ilusión, con ganas a tu trabajo y, si vas convencido, será un buen servicio, pero si estás harto, cansado, aburrido y te parece que es un bodrio, te puedo asegurar que tu trabajo será una mierda, con todas las letras, perdón. Tu actitud es lo importante.

Dignidad en el trabajo

En mi etapa de profesor en la Escuela Nacional de Policía de Ávila, entre 2003 y 2005, dando clases de Metodología de Investigación, a compañeros de la Escala Básica y de la Ejecutiva, a veces hablábamos del tema de esa dignidad en el trabajo. Yo les decía, mientras veía por los ventanales de las aulas, mirando al control de entrada en la Escuela, que aunque pueda parecer algo quizás más rutinario, algunos lo tachaban de aburrido, que su trabajo bien realizado nos daba la seguridad y nos permitía tener las clases con tranquilidad, evitando peligros potenciales”

Valoremos el trabajo que hacen otros compañeros, otras unidades; dignifiquemos lo que hagamos. Todos somos piezas indispensables para que el reloj del que formamos parte funcione.

(*) José Manuel Caamaño Sánchez es comisario de Policía Nacional jubilado y escritor. Ha dedicado 30 años de su carrera profesional a la lucha contra el narcotráfico. Fue Agregado de Interior en Marruecos

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